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LABORATORIO VIVO: Una pequeña revolución educativa

DIVIDENDO POR COLOMBIA, 16 de Mayo de 2017



En la Institución Educativa San Benito, en la ciudad de Medellín, se aplicó la iniciativa Laboratorio Vivo, a modo de experimento piloto.


 Aquí la experiencia que en tan solo 30 días transformó la percepción de los estudiantes hacia el aprendizaje.

“A mí no me gustan las rutinas”, “me gustaría que las clases fueran más dinámicas”, “en el salón nos la pasamos escribiendo, escribiendo y escribiendo y no hacemos nada más”, “no me gustaría venir al colegio ningún día de la semana”. Expresiones como estas son comunes en los estudiantes de la Institución Educativa San Benito, por los pasillos, en la cafetería o en las canchas de fútbol. Estos estudiantes hacen parte de los quinientos que componen esta institución, ubicada en la ciudad de Medellín. Es una población de niños y adolescentes, cuya edad oscila entre los 4 y los 20 años, en los grados de transición a once, atendidos bajo la modalidad de jornada única. Así, día a día, desde las primeras horas de la mañana, jóvenes y niños pasan las puertas de la institución, para luego volver a cruzarlas al salir hasta bien avanzada la tarde”.

No obstante que en el colegio se respira ambiente de cordialidad, varios de ellos deciden de un momento a otro no regresar, por diversas razones, económicas o familiares, o sencillamente porque no encuentran una motivación en ese escenario de formación que los acoge todos los días.

“De aquí han salido muchos” –dice un estudiante a un grupo de compañeros, refiriéndose a los que han abandonado la escuela–.

¿Qué habrá pasado con Camila, Amariles, Foronda, Kevin, Santi, Daniel… ¡Qué bueno sería volver a reunir a ese grupito!”.

David es uno de los que han desertado. Cuando llegó al grado séptimo, dejó la escuela por una necesidad económica y se fue a trabajar en una litografía con su papá. Tiempo después, cuando salió de la situación económica y ya se podía vincular de nuevo, no encontró la necesidad ni la motivación. Manifestó sentirse bien con su trabajo, y además estaba ganando dinero.

“Ya para qué estudiar”, dijo, según cuenta una excompañera de estudio.

Innovación al servicio de la educación

La llegada del Laboratorio Vivo a la institución generó una pequeña revolución, que retó a todos sus integrantes y permitió validar aquellas prácticas más efectivas a la hora de enfrentar la deserción escolar. El sistema educativo tradicional es altamente reglado frente al currículo, los horarios, los grados, la estructura docente y los espacios educativos. Inspirados en la revolución industrial, los colegios que conocemos responden a una visión de aprendizaje lineal y homogénea. La educación disruptiva propone un visión de aprendizaje por intereses, en la cual cada estudiante aproveche al máximo su potencial; busca aprovechar las individualidades, generar interacciones; nuevos espacios, enfrentar problemas reales y cooperar.

El inicio de la transformación

Para los maestros, el cambio en la estructura de trabajo en cuanto a la planeación y el trabajo en aula implicó la creación de cuatro roles diferentes en el colegio: maestros diseñadores de experiencias, encargados de articular el currículo con los proyectos de los estudiantes; maestros gamificadores, a cargo del rediseño del sistema de evaluación a una metodología de 360 grados, que contiene autoevaluación, evaluación de pares y evaluación docente; maestros diseñadores de entorno, encargados de la logística de operación que genera el movimiento constante de estudiantes y materiales dentro y fuera del colegio, y líderes de club, a cargo de la gestión integral de los grupos de trabajo. En el caso de los estudiantes, el reto principal fue de convivencia; al crear los clubes se mezclaron alumnos de diferentes edades y contexto, que además de cambiar la rutina de aprendizaje, requirieron desarrollar nuevas habilidades que no son comunes en el modelo tradicional, como son el respeto por la diversidad, el trabajo en equipo, la comunicación y la capacidad de resolución de problemas.

La educación disruptiva propone un visión de aprendizaje por intereses, en la cual cada estudiante aproveche al máximo su potencial.

Tras varios días de experimentación, de enfocarse menos en las respuestas y más en los interrogantes que surgían de la manera innovadora en la que se habían relacionado con su entorno académico y de rozar sus sueños y aspiraciones, los resultados se hicieron visibles, así como el día para exponerlos frente a toda la comunidad estudiantil, momento fundamental para el intercambio de ideas.

“Laboratorio Vivo nos permitió cambiar la rutina normal del colegio, salir del salón todos los días, donde está uno todo el tiempo sentado, viendo a los mismos profesores. Con el laboratorio cambiamos de ambiente, vemos otras personas y aprendemos cosas nuevas”, dice Valentina Marín, una estudiante cuyo club de interés se enfocó en retratar las partes del cuerpo que más les gustara a las personas, una muestra de cómo a través del arte es posible descubrirse a sí mismos.

Laboratorio vivo

¿Habrá encontrado Valentina su talento en la fotografía?…

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Categorías: Avances Clústers